La Naturaleza es la Escuela del Futuro

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¿Qué transmitimos, como padres y madres, a nuestros jóvenes? ¿Realmente les enseñamos a valerse por ellos mismos, a fomentar el trabajo en equipo, a comprender lo esencial que resulta la interrelación con las personas y la naturaleza?

Entrar en contacto con el medio natural nos aporta infinidad de beneficios. Por un lado, prima el ejercicio, la capacidad de reacción psicológica y la exaltación de nuestros sentidos, mientras nos enfrentamos a desafíos que nos permiten experimentar emociones imposibles en la ciudad. Por el otro, la naturaleza también potencia nuestra sensación de recompensa, al hacernos ver que, tras un gran esfuerzo por encontrar alimento, agua o refugio, obtendremos un logro que resultará en una satisfacción física y mental.

Estos factores fomentan valores de autoconfianza que se proyectan en nuestros jóvenes. En los cursos de supervivencia de Outdoor can intentamos que los conocimientos de primeros auxilios, lejos de la ciudad, la creación de refugios improvisados, o la orientación espacial, permitan a los jóvenes hacerse cargo de una situación específica y sentirse actores principales de su destino. La naturaleza nos permite desplegar todo nuestro potencial y nos hace descubrir que nosotros mismos podemos ser instrumentos de cambio en el entorno que nos rodea. En sí, el medio ambiente no sólo nos otorga la oportunidad de vivir, sino que también incentiva una vida activa, y la comunión real con el otro a través del trabajo en equipo.

Sin embargo, sabemos que los adolescentes no siempre son conscientes de esto, porque hay otros intereses que han adaptado en su zona de confort: en casa, con los amigos, enganchados al móvil, etc. El cambio repentino de este entorno trastoca esta comodidad. Ya no están seguros, y de pronto, deben hacerse responsables de recolectar su propio alimento, de socorrer a un compañero herido, de hallar refugio, o utilizar sus destrezas mentales para sortear las dificultades. Al enfrentarse a situaciones extremas, en las que ellos mismos son los encargados de mantenerse a salvo, todo cambia. Entonces la vida adquiere una dimensión completamente distinta.

Cuando los jóvenes son protagonistas en este contexto, los beneficios se expanden y se complementan con todos los aspectos de su vida. La naturaleza no sólo nos ofrece un crecimiento personal, también nos permite sentir parte de un mundo que se construye desde la vivencia en el espacio abierto y mutable. Por el contrario, una vida sedentaria, sujeta a las garantías de la comodidad y la ciudad, resulta en un desperdicio de energía, en la incapacidad para desplegar lo mejor de sí en momentos de supervivencia o superación, y en la falta de autonomía, esa experiencia libertaria que sí nos otorga lo vasto del mundo natural.

Una vida activa, en la naturaleza y en contacto con el entorno, permite la formación de seres humanos más completos y en estrecha relación con el todo.